domingo, junio 18, 2017

ELADIO…




Eladio era un tipo sencillo, al menos esa era la opinión que tenía de sí mismo. No consideraba que tuviera gustos exquisitos, ni refinados, ni sofisticados. No se veía como una persona exigente, ni complicada de satisfacer. Afable era una de las muchas palabras que le definían. La vida le transcurría en una placida rutina. Se despertaba todos los días a la misma hora, se preparaba cada día el mismo tazón de leche y café soluble. La ducha siempre sobre las 7:15, minuto arriba minuto abajo. Un continuo de pequeños rituales, tejían aquella vida pequeña y aparentemente intrascendente.
Empleado por contrato fijo en una pequeña empresa, su vida laboral no presentaba sobresalto alguno. Algunos días, al terminar su jornada, camino a casa, se regalaba un pequeño asueto en un local que le pillaba de camino. Un buen trago, una pausa sin rumor de fondo, un paréntesis imaginario.
Mientras las burbujas del refresco se liberaban saltando al mundo por encima de la barrera de vidrio, el rabillo de ojo recorría el espacio, explorando el decorado. En el primer cuarto de vuelta, se clavó en una señora que sorbía una pajita de una copa balón, sin dejar de mirarle. Unos ojos oscuros y brillantes que atravesaban un flequillo sedoso que se dejaba caer. No eran dardos, eran balas.
Se le zarandeo el alma y se le removió la existencia por dentro. Entre el pecho y la espalda olía a limpio. Aire fresco con sabor a pasado, y más que con gusto a otro tiempo, con aroma intimo, familiar.
No eran unos ojos cualesquiera. Le llamaban a gritos, y algo en él quería escucharlos. Quería recorrer el camino hacia esa brillante oscuridad. Sincero consigo mismo, escuchándose como hacia tiempo que no lo hacia.
Sorbió su copa, mientras desplegaba una sonrisa cómplice, pegada al filo del vaso que dejó sobre la barra y sonrió abiertamente, sin reparos, rozando la exhibición. Sonrió saludando, tendiendo la mano.
Siguió bebiendo con el anhelo de beberse también el tiempo con tal de hacerlo avanzar. Con el vértigo en las tripas de no saber donde estás, con el pellizco de la perdida de control.
La mujer de mirada oscura, levanto la cabeza de la copa, recuperó la seriedad en su rostro y empezó a recoger las pocas pertenencias depositadas alrededor de su copa. El teléfono móvil fue lo último que colocó dentro de su bolso, y en ese preciso momento, dirigió la mirada nuevamente hacia Eladio. Serenamente desplegó su sonrisa innegable, tanto como inductora, con una pizca de malicia. Se colocó el asa en el hombro en el mismo movimiento que utilizó para acomodar su rojiza melena, toda hacia atrás, toda.
Con idéntica determinación con la que manejó su cabellera, se dirigió a la puerta trasera para salir del local. Añadía a la furia de la mirada el contorneo de la hembra al andar. El vaivén de la cadera, el ritmo de la carne contenida, sujeta, en movimiento. Como sí de un pacto previo se tratara, Eladio no dudó ni una décima de segundo en seguirla, a una distancia prudente, la que marca la elegancia y el único punto de incertidumbre que le quedaba.
La siguió hasta el portal donde ella se detuvo. Metió una llave en la cerradura y entró. La puerta entreabierta era inequívoca. Eladio cruzó el umbral, ella le esperaba allí a un par de metros. La distancia se reducía. La miró por primera vez serenamente y con suficiente luz. Qué bonita, qué mujer tan atractiva. Guapa en toda la extensión de la palabra. De mirada penetrante, maquillada mínimamente pero contundente. Rojo de labios, sombra de hechizo y raya de horizonte en los ojos. La melena oscura con luces anaranjadas, lisa, derramada sobre sus hombros. De estatura mediana y un cuerpo con todas las redondeces de una hembra. Elegancia contenida en sus formas, dentro de ellas. Gritando sensualidad a los ojos que saben escucharla. Promesa de lascivia en forma de señora.
La siguió por unas escaleras que conducían a un rellano con tres puertas. Abrió la que estaba en el centro de las tres. En silencio entraron a una especie de dúplex con mucha luz. Grandes ventanales con la serenidad lejana de la montaña.
El tiempo justo para hacerse la idea del decorado; y ella se puso frente a él. Muy dulcemente le cogió de la mano, y con un leve impulso, muy leve, se vencieron el uno hacia el otro. Los detuvieron sus respectivos labios al encontrarse, al encajarse. Sus rojos carnosos se mezclaron en saliva, pegándose y resbalándose. Un beso de amor vestido de pasión.
Se dieron un respiro, una pequeña distancia, sin que sus meñiques dejaran de andar ensortijados. Ella tomó la iniciativa, dirigiéndose a la escalera que conducía al altillo. Él la miró como quien contempla una obra de arte en un museo, disfrutándola a la vez que intentando retener los detalles. Le gustaría poder almacenar visiones como aquella para siempre, para volver a disfrutarlas alguna otra vez.
Al final de la escalera se hallaba una única estancia, forrada de madera, con un colchón sin somier en el suelo y una pequeña ventana que le daba toda la exacta poca luz necesaria.
Sin mediar palabra, ella, de rodillas sobre la cama pero erguida, empezó a desabrocharse el vestido. Él se desnudó todo lo rápido que pudo sin resultar ridículo en ningún momento. La fascinación de lo que estaba viendo, viviendo, le confería una serenidad inusual en él. La calma que se mezclaba a borbotones con el río de pasión carnal que crecía en su cuerpo. Sus manos parecían revivir de un letargo que no recordaban. Sus ojos brillaban de ver. Sentía el nervio de sus brazos.
El deslumbramiento no podía ir a más. Unos pechos justos, hermosos, carnales, de aureolas y pezones contundentes, desafiantes, a un gesto de sus dedos. Tocó y la realidad no se desvaneció. El terciopelo de la carne llenó de satisfacción las yemas de sus dedos. La multitud de diminutas pecas que decoraban su piel, la de ella, la convertían en un mapa imaginario del país por explorar.
Apretó, pellizcó, chupó y mordió. Se dejó suelto, libre. Se soltó. Sus manos fueron pinceles, brocha y pañuelo. Sus movimientos encajaban. Ella seguía la coreografía del deseo. Se dio la vuelta, y le ofreció su culo, la redondez del atractivo o el atractivo de la redondez. El festín, la abundancia. La mente no piensa. El cuerpo ejecuta. Él asió sus bragas por el punto más débil, y de un tirón seco se las arrancó. Sin recordar por qué, se limitó a sentir el ser, ser el sentir. Ella gimió, entre dientes, casi silbando.
Se aceleraron, se intensificaron. Se empujaron más y más. La ternura era una cortina que se corría para dejar ver la pasión. La fuerza era excitante. Ella se rebelaba a ser poseída porque era lo que más deseaba. Él quería por sobre de todo. Era imparable. El torrente no se detiene. La sujetó por las muñecas, sujetando los dos brazos fuertemente con una sola mano. Ella brillaba. Él era una tensión deliciosa. El músculo es sexo, y la potencia placer.
Se mezclaron y remezclaron. La sorpresa era mutua, positiva y les balanceaba como un columpio de sensaciones.
El sexo era un mundo, el mundo era sexo. El mundo no existía más que allí.
La aceleración cesó, y todo se pintó de calma. Se abrazaron ganados por el gusto. Se abrazaron porque quisieron, y querían mucho. Tenerse, tocarse, y seguir tocándose. Suspender la secuencia, prolongarla. No detenerse ni a analizarla. Vivirla, una vez tras otra. Tirar de ella para cubrirse. Serlo todo, dejar de ser para ser.
Ella con el abrazo y la paz se quedó dormida. Él aprovechó para deslizar suavemente su brazo por debajo de la cabeza de ella y liberarse para poder vestirse. Lo hizo en silencio, meticulosamente, sin prisa, entreteniéndose en los detalles y contemplándola. Sobretodo contemplándola.
Con la brillantez que proporciona el éxtasis, se preguntaba qué había sucedido, qué había sido aquello. ¿Por qué el sexo nunca había sido así? ¿Era realmente él quien había actuado así? ¿Por qué le había gustado tanto? ¿El misterio? ¿El dejarse ir? Y… ¿Hasta dónde? Las preguntas se agolpaban en la ventanilla de reclamaciones. Se empujaban unas a otras esperando respuestas de una mente que no dejaba de sonreír.
Le dedicó una última mirada. Era como contemplar una fotografía preciosa. Los ángeles también duermen.
Salió a la calle. El aire fresco de la noche le pareció toda una bendición. Sin dejar de no reconocerse, jamás se había sentido tan sincero, tan auténtico, tan propio de sí mismo, tan él, empezó a andar calle abajo. El frío le empezaba a calar en la ropa. Se levantó el cuello de la americana, se encendió un cigarrillo que colgó de la comisura de sus labios. Como si del protagonista de una vieja película de la Nouvelle Vague francesa se tratara.
Cuando terminó el cigarrillo, lo lanzó a estrellarse contra el asfalto. Entró en el primer bar que encontró en el camino. Pidió un café, solo y corto. Busco la prensa del local y se entretuvo hojeando, con la absurda ilusión de que ya algún medio se hiciera eco de su reciente reconocimiento como el hombre más feliz del mundo.

foto: bezglosnie.tumblr.com 

The Rolling Stones - Start Me Up  

spotify:track:6ml6iL8HUdQKgtMaehAZc8

domingo, junio 04, 2017

MIS DISCOS...

La semana pasada, leyendo a una buena amiga, volví sobre la idea de lo importante que era la música en mi vida, y como ciertos discos habían marcado puntos de inflexión. Hasta el punto, de que sin ellos, no acierto a pensar que habría sido de mí.
No puedo precisar mi primera experiencia musical. Entre una neblina de tiempo recuerdo el transistor de mi prima, mayor que yo, desde donde se hacían oír las primeras temporadas de los 40 principales, sonando Los Bravos o T-Rex. El casete que su novio atesoraba en el reproductor del coche, con el tema Je t'aime... moi non plus de Jane Birkin & Serge Gainsbourg. Pantalones de campana y boîtes con taburetes acolchados.
Un día apareció un tocadiscos por casa y con él un primer LP de Roberto Carlos, si él de El Gato que esta triste y azul, El día que me quieras y Detalles. Primeras piezas del rompecabezas.
El siguiente invierno tuve mi primer reproductor propio de vinilos. Un compacto reclamo publicitario de Mirinda, con su colección de discos incluida. La misma tapa contenía el altavoz, y un LP hacia casi desparecer el aparato, dado su diminuto tamaño. Allí sonaron Los Brincos, Karina, Los Pekenikes y toda la última ola del pop español de la época.
El paladar iba surgiendo y me quede prendado con una canción que escuche salir del transistor: 48 Crash de Suzi Quatro. Ronronee, ahorre y reuní el dinero para comprarme mi primer casete. Si fuera más romántico catalogaría como mi primer disco mi primer vinilo, para ser realmente purista. Pero entiendo el LP como un trabajo, la obra de un artista, independientemente del formato. Me era mucho más practica la cinta, podía escucharla en muchos más sitios.
Me engalane de sonrisa y nerviosismo. Acudí a la única tienda especializada de mi ciudad y lo compré.
Salí satisfecho a la calle, con aquel, mi primer tesoro musical. Mi primera elección. Quiero escuchar a Suzi Quatro. Y allí estaban aquellos tipos oscuros, que me miraban mal. Tipos de pelo largo, sin afeitar, vestidos de negro y el más gamberro de ellos, bebiendo a morro una cerveza. Impacto. Ella en el centro, presidía la imagen, como un ángel entre demonios, o la mismísima reina de la manada. La estética de mi vida también descubría nuevas imágenes, nuevos caminos, nuevos paladares. La fuerza del blanco y negro. El hierro y el desgaste. Escuchando I Wanna Be Your Man, Primitive Love, Glycerine Queen y sobre todo Can The Can. El rock’n’roll había llegado a mi vida para quedarse…




48 Crash - Suzi Quatro

spotify:track:5DPVU9xTKDC2CizYp5WXT2 

COMERTE…

Quiero comerte. Separar tus piernas y abalanzarme sobre tu vértice. Devorarte. Humedecerte. Mojarte. Una lengua decidida que te quiere para sí. Empujarte. Presionarte. Apretarte. Frotarte. Arriba y abajo. A un lado y al otro. Cadencia rítmica. Intensa. Progresiva. Frenesí creciente. Calor y pulsaciones. Respiraciones. Llenarte de saliva y chuparte. Abrirte, carne hambrienta separando carne complacida. Empaparte. Morderte, en pequeños mordiscos. Degustarte. Absorberte, quiero sorberte y beberte. Mojarme de ti. Penetrarte mínimamente, hasta donde ya no pueda. Clavarme en ti. Entrar. Asomarme. Quiero lamerte, saborearte. Mirarte con los ojos del lobo. Esclavizarme a ti, enloqueciéndote. Oírte gemir, endurecerme. Seguir y persistir. Acelerar. Hacerte gritar. Dentellearte. Amarte resbalando, aferrándome a tu piel, a ti. Besándote. Deslizarme entre tus pliegues. Seguir amándote. Quiero comerte una y otra vez… 



foto: hellogiggles.com

Fencewalk -Mandrill

spotify:track:5HIkCYgy8RoGFKzH4CcHNI 


 


miércoles, abril 12, 2017

EL TIEMPO...

El tiempo se deposita, como si de polvo se tratara, sobre todo, cambiando las apariencias, las esencias incluso...

viernes, mayo 28, 2010

COMO LO HIZO DIOS...


Cuando una mujer mira a un hombre del cual no está enamorada,
lo ve tal y como lo hicieron sus padres,
cuando lo ama lo ve tal y como lo hizo Dios,
cuando ya no le ama ve una mesa, una silla, un jarrón...

Marina Tsvetáyeva

Foto: Hepdarcan

Lisa Ekdahl - Heaven, Earth And Beyond - All I really want is love (with Henri Salvador).mp3

miércoles, octubre 28, 2009

HOY...


Hoy, justo un año después que los sueños se convirtieran en labios, piel y besos, me decido a escribir, por si alguien me lee, por si alguien me espera…

Sentado sobre un montoncito de escombros de mi, observo mi nuevo yo como va tomando forma. He pasado todo este tiempo reconstruyéndome, recolocándome, reconociéndome, rehaciéndome, reviviéndome…

El temporal me desordeno de una manera casi absoluta. Arrancó todas mis cortinas, batió ventanas y puertas, abrió cajones, levanto alfombras, tiro muros y dejo al descubierto fantasmas que creía extinguidos.

En cuanto se secaron las lagrimas pude observar el paisaje, y entre silencio y silencio, volví a sonreír tímidamente. Había sido intenso, devastador, pero también maravilloso y tremendamente hermoso. Con el tiempo comprobé que estaba siendo purificante, revitalizante… y que todo no estaba perdido.

Estaba vivo, había sobrevivido a la catástrofe. Tenia tiempo, y lo más importante, tenia los planos: docenas de servilletas de papel repletas de garabatos, cientos de folios llenos de ideas, sueños, frases, anotaciones que solo debía pasar a limpio… o como le comente a un amigo: ahora me se el camino al cielo… y puedo volver.

Hoy justo un año después de que todo empezara a terminar, he izado la bandera de un nuevo optimismo, pero como dijo Guardiola "solo puedo prometer que persistiremos"

Todo un placer volver por aquí.

Foto: Sanja Gjenero

Erin Bode – Over and over – Graceland.mp3


martes, febrero 24, 2009

HE VISTO…


He visto tus sonrisas blandas, evaporarse sobre la cama. He visto a tus manos desesperarse por no poder abarcar todo mi cuerpo, por no poder sentirme entero. He visto la profundidad de la luz en tus ojos, te he visto a ti. He visto como te faltaban brazos para abrazarme, por más que me rodeabas. He visto las palabras brotar, una a una, desde tu boca hasta escribir declaraciones de amor en el aire. He visto tu rostro contraerse, fruncirse, cerrando los párpados con fuerza cuando te desbordaba el placer, que se te escapaba entre las piernas. He visto como te mordisqueabas los labios, intentando sujetarte. He visto tu aliento acelerarse, calentarse, profundizarse. He visto como tus manos querían introducirse en las mías, atravesando mi piel, mis nervios, mis venas. He visto como tiritabas de alegría acurrucada entre mis brazos. He visto correr tus lágrimas más dulces, las más tiernas. He visto tu cuello serpentear para abandonarse a mis besos. He visto tu lado más secreto el que no se conoce, el que no se supone, el que no te crees. He visto un mujer que vive en ti, disfrazada de niña y escondida en un cofre, que acumula un tesoro de sueños, que acepta como prohibidos...

Foto: Ryan McGinley

Sade - Lovers Rock- It's Only Love That Gets You Through.mp3


lunes, febrero 23, 2009

EL LECTOR


No tengo miedo. No tengo miedo de nada. Cuanto más sufro más amo. El peligro sólo aumentará mi amor, lo agudizará, le dará sabor. Seré el único ángel que necesites. Dejarás esta vida más hermosa que cuando entraste en ella. El cielo te recibirá de nuevo y te contemplará y dirá: Sólo una cosa puede hacernos tan completos, y esa cosa es el amor.

Michael Nyman - Gattaca Soundtrack - Impromptu For 12 Fingers.mp3

martes, febrero 17, 2009

PIENSO EN TI…


Pienso mucho en ti, casi constantemente; con asiduidad, con repetición, con alegría, con determinación pienso en ti.

Andas descalza por mi cabeza, con tu pijama blanco, como un ángel travieso. Te escondes tras algún ruido de mi realidad; esperas que cese y vuelves a asomarte. Me miras picara, y ríes a carcajadas, en mi pensamiento eres feliz.

Un instante después, desapareces, para reaparecer divina, exultante… La palabra elegancia se encarna en ti, ganando en significado, abarcando la cadencia de tus gestos… Avanzas cimbreante, capaz de seducir al mundo, empezando por mi… brillando… con todo el verde del mar en tus ojos.

Bailas, comes, duermes y saltas; fumas, cocinas, te vistes y te desnudas; amas, bebes, sonríes y sueñas en mi… invitada por mi corazón, el corre con todos los gastos.

Foto: Kathryn McCallum

Pet Shop Boys – Bilingual - SE A VIDA É.mp3

martes, febrero 03, 2009

40 DÍAS DESPUÉS…


Aunque no me lleves al mar sigo siendo un barco y mis velas se hinchan con el viento como mis brazos se abren para abrazarte.

Foto: Brendan Gogarty

Penguin Cafe Orchestra - When In Rome - MUSIC FOR A FOUND HARMONIUM.mp3

lunes, enero 26, 2009

MI LOCURA


Explorad vuestros bolsillos y buscad la belleza por escondida que se encuentre. Desempolvad la sonrisa de vuestra niñez y salir a la calle con ella como única prenda. Enamoraos, aunque solo sea por un segundo, de la primera persona con la que os crucéis. Un único día comprometeos a responder a todo que si. Volveros locos a vuestro antojo y recuperad la cordura abrazando a un desconocido. Gritad, tan fuerte como podáis, vuestro numero de teléfono para que nadie se atreva a llamaros. Y soñad con una vida gris para que al despertar el mundo vuelva a ser de colores.

He vivido lo que me parecía un sueño, pero por más que cierro los ojos no consigo volver a soñar.

Foto: Scott Adams

The Waterboys - This is the sea - THE WHOLE OF THE MOON.mp3