
Desde mi balcón veo la vida pasar. Desde que me mude, hace ahora seis meses aproximadamente, he ido aprendiendo a encontrar los espacios en mi nueva casa. A sentírmela mía, a terminar de ajustarme a ella, como me coloco bien los jerséis cuando son nuevos. Y de todos los espacios el que más satisfacción me produce es mi balcón.
Tocado por una suerte inmensa, mi nuevo domicilio, se encuentra en la principal arteria de mi pequeña ciudad. En la Rambla pasa todo. Soy testigo de la alegría de las hinchadas locales, de un color u otro indiferentemente. Veo como un anciano recupera el resuello en un banco de piedra. Puedo ser espectador de lujo de la comitiva del carnaval. Todas las celebraciones, desfiles o comparsas, terminan pasando por mi calle.
Pero lo que más placer me produce, es que he aprendido a regalarme cada día, a la vuelta del trabajo, un cigarrito en mi balcón, donde veo transcurrir vidas anónimas. Veo danzar los escotes, con perspectiva zenital. Veo intimas reconciliaciones desde un observatorio discreto.
Ya de noche, con las ventanas abiertas y las cortinas corridas, escucho el bisbiseo de los coches sobre el asfalto mojado mientras busco encontrar alguna luciérnaga que se haya colado en mi habitación.
Tocado por una suerte inmensa, mi nuevo domicilio, se encuentra en la principal arteria de mi pequeña ciudad. En la Rambla pasa todo. Soy testigo de la alegría de las hinchadas locales, de un color u otro indiferentemente. Veo como un anciano recupera el resuello en un banco de piedra. Puedo ser espectador de lujo de la comitiva del carnaval. Todas las celebraciones, desfiles o comparsas, terminan pasando por mi calle.
Pero lo que más placer me produce, es que he aprendido a regalarme cada día, a la vuelta del trabajo, un cigarrito en mi balcón, donde veo transcurrir vidas anónimas. Veo danzar los escotes, con perspectiva zenital. Veo intimas reconciliaciones desde un observatorio discreto.
Ya de noche, con las ventanas abiertas y las cortinas corridas, escucho el bisbiseo de los coches sobre el asfalto mojado mientras busco encontrar alguna luciérnaga que se haya colado en mi habitación.




















